El quillay (Quillaja saponaria) crece solo en Chile central, y durante siglos fue tan común que casi nadie reparó en él. Hoy, ese mismo árbol es uno de los recursos botánicos más codiciados del planeta: sus compuestos hacen que las vacunas funcionen mejor y se cotizan en más de cien mil dólares el gramo. Esta es la historia de un árbol Cenicienta —y del ingrediente que da vida a Herbario.

Un jabón que crece en los árboles

La corteza del quillay es rica en saponinas, unas moléculas que al contacto con el agua forman espuma como el jabón. No es casualidad: su nombre viene de küllay, palabra del pueblo mapuche que significa, literalmente, «jabón». Mucho antes de que existieran las barras y los shampoos industriales, los pueblos de este territorio usaban la corteza para lavar su ropa y su pelo —se decía, incluso, que lo dejaba más oscuro y brillante.

Las saponinas no son exclusivas del quillay: aparecen en plantas de todo el mundo, muchas con la palabra «jabón» en su nombre. Pero pocas las concentran como este árbol chileno.

El árbol que Europa pasó por alto

Cuando los naturalistas europeos llegaron a Chile en el siglo XVIII, se deslumbraron con flores vistosas como el copihue o la araucaria, y apenas miraron al quillay. El ingeniero militar y explorador francés Amédée Frézier fue de los pocos que lo describió, hacia 1714:

«El Quillay es un árbol cuya corteza fermenta en el agua como el jabón… todos los indios la usan para lavar su cabello.»

El nombre científico se lo dio recién en 1782 el abate Juan Ignacio Molina, jesuita chileno exiliado en Italia y primer naturalista nacido en Chile en usar el sistema de Linneo. La primera ilustración botánica llegó en 1794. Hasta Charles Darwin cruzó la zona del quillay en 1835 y la describió sin mayor entusiasmo. Olvidado por la botánica y por el comercio, el quillay se ganó a pulso el apodo que da título a esta historia: el árbol Cenicienta.

De lavar el pelo a la farmacia

Entre los siglos XVIII y XIX, la corteza empezó a exportarse para fabricar jabones y shampoos; su madera dura servía para hacer estribos, y su espuma se usaba incluso para dar «cuerpo» a la cerveza. Llegó a figurar en la farmacopea de Estados Unidos y en el códice francés, empleada como emulsionante en bálsamos y aceites. El quillay era útil, pero seguía siendo un actor secundario.

El giro inesperado: las vacunas

Todo cambió por un hallazgo afortunado. En la década de 1920, el veterinario francés Gaston Ramon, en el Instituto Pasteur, notó que ciertas sustancias —entre ellas la saponina— hacían que las vacunas funcionaran mejor. Había descubierto los «adyuvantes», ingredientes que potencian la respuesta del sistema inmune. (Ramon fue nominado 155 veces al Premio Nobel y nunca lo ganó.)

Décadas de investigación permitieron aislar, de la corteza del quillay, un compuesto llamado QS-21: una saponina de estructura tan compleja que costó muchísimo descifrar. En 2017 fue aprobado para su uso en vacunas humanas, y hoy se cotiza en más de US$100.000 el gramo. Está presente en vacunas contra la malaria, el herpes zóster y el virus sincicial respiratorio, con cerca de 40 vacunas más en desarrollo. Se estima que solo las vacunas contra la malaria necesitan unos 200 millones de dosis al año.

Un árbol bajo presión

El éxito tiene un costo. Un quillay puede tardar 25 años en estar listo para cosechar su corteza, y muchas veces la extracción mata al árbol. Apenas unos cinco de cada cien árboles contienen suficiente QS-21 para que el proceso sea rentable. Hasta hace poco, casi toda la corteza provenía de bosques silvestres, hoy amenazados por sequías e incendios. Por eso ya se trabaja en plantaciones de quillay en Chile.

La ciencia que busca salvarlo

La salida más prometedora viene de la biología. Equipos científicos —liderados por la investigadora Anne Osbourn— secuenciaron el genoma del quillay y descifraron la receta de 20 pasos que el árbol usa para fabricar el QS-21. Luego lograron reproducir esa ruta en plantas de tabaco y en levadura, abriendo la puerta a producir el compuesto sin tener que talar el árbol (Nature, 2024). Si funciona a gran escala, el quillay podría seguir protegiendo vidas sin desaparecer de sus cerros.

El quillay y Herbario

En Herbario honramos el uso más antiguo y noble del quillay: limpiar. Somos la única marca de cosmética del mundo que trabaja su harina de corteza en jabones y shampoos sólidos, hechos a mano en Chile. La misma planta que la ciencia estudia hoy para las vacunas del futuro está, en su forma más esencial, en tu ducha de todos los días. Conoce más en nuestra historia.

Basado en: A. Osbourn (2026), «The Cinderella tree, Quillaja saponaria — A soap story», Plants, People, Planet, 8(2), 439–451.